Las actualizaciones remotas (OTA) son el pulso del coche definido por software: permiten lanzar mejoras y parches de seguridad al instante. Pero si el canal OTA se vulnera, un ciberdelincuente podría secuestrar millones de coches a la vez. El reglamento UNECE R156 impone una seguridad implacable.
Un ataque clásico es el 'downgrade attack': forzar la instalación de un firmware oficial antiguo con una vulnerabilidad conocida no parcheada. La firma digital resulta válida porque el software es legítimo. Para cumplir UNECE R156, los chips del coche usan contadores antirretorno en fusibles de silicio. Si la versión es inferior a la del chip, el arranque aborta el flasheo de inmediato.